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jueves, 28 de mayo de 2015

24- LAS INICIACIONES DEL ALMA




(Del libro “Iniciación Humana y Solar”, de ‘El Tibetano’, a través de Alice. A. Bailey)



El desarrollo del ser humano consiste en el paso de un estado de conciencia a otro. Es una sucesión de expansiones, un desarrollo de la facultad perceptiva que constituye la característica pre­dominante del inmanente Pensador. Es el progreso de la concien­cia centralizada en la personalidad, yo inferior o cuerpo, hacia la conciencia centralizada en el yo superior, Ego, o alma y, de allí, pasa a centralizarse en la mónada o espíritu, hasta que oportunamente la conciencia llega a ser divina. A medida que el ser humano se desarrolla, la facultad de percepción se amplía más allá de los límites que lo confinan en los reinos inferiores de la natura­leza ‑mineral, vegetal y animal‑, en los tres mundos de la evo­lucionante personalidad, en el planeta donde desempeña su parte y en el sistema donde ese planeta gira, hasta que, finalmente, se evade del sistema solar mismo y llega a ser universal.




DEFINICIÓN DE LA INICIACIÓN

El tema de la iniciación se está generalizando cada vez más entre el público. No pasarán muchos siglos sin que se restauren los antiguos misterios y la iglesia posea un grupo interno; en la iglesia del futuro, cuyo núcleo interno se está formando, la pri­mera iniciación será exotérica, vale decir, que la primera inicia­ción constituirá antes de mucho tiempo, la ceremonia más sagrada de la iglesia y será celebrada en forma exotérica, por ser uno de los misterios revelados en determinados períodos, y a ella asis­tirán quienes estén implicados. También ocupará un lugar similar en el ritual de los masones. En esta ceremonia, quienes estén preparados para la primera iniciación, serán admitidos pública­mente en la Logia por uno de sus miembros, autorizado para ello por el gran Hierofante Mismo.


Definición de cuatro palabras.

Al hablar de la iniciación, la sabiduría, el conocimiento o el sendero de probación, ¿qué queremos significar? Empleamos las palabras con mucha ligereza sin considerar el significado in­volucrado. Tomemos, por ejemplo, la primera de las palabras mencionadas. Muchas son las definiciones y explicaciones res­pecto a su alcance, a los pasos preliminares al trabajo que debe realizarse entre iniciaciones y a sus resultados y efectos. Una cosa es evidente para el estudiante más superficial, y es que la magnitud del tema es tal que, a fin de dilucidarlo adecuadamen­te, habría que escribir desde el punto de vista de un iniciado. En caso contrario, todo cuanto se diga podrá ser razonable, ló­gico, interesante, sugestivo, pero no concluyente.
      
       La palabra iniciación, deriva de dos palabras latinas: In en, Ire ir; por lo tanto, es la iniciación de un comienzo o la entrada en algo. En el caso que estamos estudiando significa, en su más amplio sentido, la entrada en la vida espiritual o en una nueva etapa de esa vida. Es el primer paso y los subsiguientes en el sendero de santidad. Por lo tanto, quien recibió la primera inicia­ción dio literalmente el primer paso en el reino espiritual, saliendo   del reino puramente humano, para entrar en el superhumano. Así como salió del reino animal y entró en el humano, en la in­dividualización, así entra en la vida del espíritu y, por primera vez, tiene el derecho de llamarse "hombre espiritual", en el sig­nificado técnico de la palabra. Entra en la quinta etapa, la últi­ma, de nuestra actual quíntuple evolución. Después de haber palpado su camino a través del Aula de la Ignorancia, durante muchas épocas, e ingresado en la escuela en el Aula del Apren­dizaje, ingresa en la Universidad o Aula de la Sabiduría. Cuan­do egrese de ella se graduará con el grado de Maestro de Com­pasión.

Podría ser de beneficio estudiar primero la diferencia o co­nexión entre Conocimiento, Comprensión y Sabiduría. Aunque en el lenguaje común estos términos parecen sinónimos, son téc­nicamente diferentes.

Conocimiento es el resultado del Aula del Aprendizaje. Po­dría decirse que constituye la totalidad de los descubrimientos y experiencias humanos y lo que puede ser reconocido por los cinco sentidos y correlacionado, diagnosticado y definido por el intelecto humano. Es aquello de lo que estamos mentalmente seguros o podemos corroborar por el experimento. Es un compendio de las artes y las ciencias. Concierne a todo lo que trata de la construcción y el desarrollo del aspecto forma de las cosas y, por lo tanto, del aspecto material de la evolución, la ma­teria de los sistemas solares en el planeta, en los tres mundos de la evolución humana y en los cuerpos humanos.

Sabiduría es el resultado del Aula de la Sabiduría. Concier­ne al desarrollo de la vida dentro de la forma, al progreso del espíritu a través de los vehículos, siempre mutables, y a las ex­pansiones de conciencia que se suceden una vida tras otra. Tra­ta del aspecto vida de la evolución. Debido a que se refiere a la esencia de las cosas y no a las cosas mismas, es la captación intuitiva de la verdad, independiente de la facultad razonadora; la innata percepción, capaz de diferenciar lo falso de lo ver­dadero, lo real de lo irreal. Es algo más que eso, constituye la creciente capacidad del Pensador para penetrar cada vez más den­tro de la mente del Logos, comprender la verdadera interioriza­ción del gran espectáculo del universo, ver el objetivo y armo­nizarse progresivamente con la medida superior. Puede ser des­crito para nuestro propósito (que consiste en estudiar el Sende­ro de Santidad y sus diversas etapas), como el conocimiento del "Reino del Dios interno" y la captación del "Reino del Dios ex­terno" en el sistema solar. Quizás podría decirse que es la gra­dual fusión de los senderos del místico y del ocultista ‑la construcción del templo de la sabiduría sobre los cimientos del co­nocimiento.

La sabiduría es la ciencia del espíritu, así como el conoci­miento es la ciencia de la materia. El conocimiento es separa­tista y objetivo, mientras que la sabiduría es sintética y subje­tiva. El conocimiento separa, la sabiduría une. El conocimiento hace diferencias, mientras que la sabiduría fusiona. Entonces, ¿qué significa comprensión?

Comprensión puede definirse como la facultad del Pensador, en el tiempo, para apropiarse del conocimiento como base de la sabiduría, aquello que permite adaptar las cosas de la forma a la vida del espíritu, recibir destellos de inspiración, provenientes del Aula de la Sabiduría, y vincularlos a los hechos del Aula del Aprendizaje. Quizás la idea podría ser mejor expresada si se dijera que:

La sabiduría concierne a1 yo y el conocimiento al no‑yo, mien­tras que la comprensión es el punto de vista del ego o pensador, o la relación entre el yo y el no‑yo.

En el Aula de la Ignorancia controla la forma y predomina el aspecto material de las cosas. El hombre se centraliza así en la personalidad o yo inferior. En el Aula del Aprendizaje el yo superior o ego lucha por dominar esa forma, hasta que gradual­mente alcanza un punto de equilibrio, donde ninguno de los dos controlan totalmente al hombre. Luego, el ego controla cada vez más, hasta que en el Aula de la Sabiduría domina en los tres mundos inferiores y, acrecentadamente, la divinidad inherente asume el control.


Aspectos de la Iniciación


La iniciación o el proceso de experimentar la expansión de con­ciencia es parte del proceso normal del desarrollo evolutivo, con­siderado en amplia escala y no desde el punto de vista del indi­viduo. Observado desde el ángulo individual, llega a reducirse hasta el instante en que el ente evolucionante comprende que (por su propio esfuerzo y ayudado por el consejo y sugerencia de los Instructores observadores de la raza) ha llegado a una eta­pa donde adquiere cierto grado de conocimiento subjetivo, desde el punto de vista del plano físico. La experiencia es similar a la del alumno en la escuela, cuando se da cuenta repentinamente que domina la lección y que el tema y el método del proceso le pertenecen a fin de aplicarlos inteligentemente. Estos instantes de captación inteligente siguen a la mónada evolucionante en su largo peregrinaje. Lo que ha sido parcialmente mal interpretado en esta etapa de comprensión, es el hecho de que en los distintos períodos se acentúa la importancia de los variados grados de ex­pansión y la Jerarquía se esfuerza en llevar a la raza a la etapa en que sus entes tengan alguna idea del próximo paso a dar.
Cada, iniciación indica el paso del estudiante por el Aula de la Sabiduría hacia un grado superior y además el claro resplandor del fuego interno y la transición de un punto de polarización a otro; implica la comprensión de la creciente unidad con todo lo que vive y la esencial unicidad del yo con todos los yoes; da por resultado un horizonte que se ensancha continuamente hasta incluir la esfera de la creación, o la creciente capacidad de ver y oír en todos los planos. Es poseer una acrecentada conciencia de los planes de Dios para el mundo y la capacidad de desarro­llar dichos planes. Es el esfuerzo de la mente abstracta para apro­bar un examen. Es figurar en el cuadro de honor de la escuela del Maestro, dentro de la realización de esas almas cuyo karma lo permite y su esfuerzo es suficiente para alcanzar la meta.

La iniciación conduce al monte en que se puede obtener la visión; la visión del Eterno Ahora, donde el pasado, el pre­sente y el futuro, existen como uno; la visión de la historia de las razas con el hilo de oro de su genealogía, seguida a través de numerosos tipos; la visión de la dorada esfera que man­tiene al unísono las múltiples evoluciones de nuestro sistema: dévica, humana, animal, vegetal, mineral y elemental, a través de las cuales puede verse claramente que la vida palpitante late con ritmo regular; la visión de la forma men­tal del Logos en el plano arquetípico, visión que se acrecienta de una iniciación a otra hasta abarcar todo el sistema solar.

La iniciación conduce a esa corriente que, cuando se ha pene­trado en ella, arrastra al hombre hasta llevarlo a los pies del Se­ñor del Mundo, a los pies de su Padre en los Cielos, a los pies del triple Logos. La iniciación conduce a la caverna en cuyos muros limitadores se conocen los pares de opuestos y se revela el secreto del bien y del mal. Conduce a la Cruz y al total sa­crificio que debe consumarse antes de lograr la perfecta libera­ción, donde el iniciado se libera de todas las cadenas terrenales y nada lo retiene en los tres mundos. Lleva a través del Aula de la Sabiduría y pone en las manos del hombre, en forma gra­dual, la clave de toda información cósmica y del sistema. Re­vela el misterio oculto subyacente en el corazón del sistema so­lar. Conduce de un estado de conciencia a otro. A medida que entra en cada estado, el horizonte se ensancha, la vista se ex­tiende y la comprensión es más incluyente, hasta que la expan­sión alcanza el punto en que el yo abarca todos los yoes, incluso todo lo móvil e inmóvil, según una antigua escritura.

La iniciación implica ceremonia. Este aspecto es el que más se ha hecho resaltar en la mente de los hombres, omitiendo algo de su verdadera significación. Primordialmente implica la capacidad de ver, oír y comprender, de sintetizar y correlacionar el conocimiento, aunque no necesariamente el desarrollo de las facultades síquicas, pero entraña la comprensión interna que ve el valor subyacente en la forma y reconoce el propósito de las circunstancias prevalecientes. Es la capacidad de presentir la lección que se ha de aprender en cualquier acontecimiento dado, y esta comprensión y reconocimiento da por resultado, cada hora, cada semana y cada año, un progreso y expansión. Este proceso de gradual expansión ‑resultado del esfuerzo defi­nido y de una ardua vida y correcto pensar del aspirante, y no de algún instructor esotérico que celebra un rito oculto‑ conduce a lo que podría llamarse una crisis.

En esta crisis, donde es necesaria la ayuda de un Maestro, se efectúa un definido acto de iniciación, que (actuando sobre un centro particular) produce resultados en alguno de los cuer­pos, e incita a los átomos a alcanzar cierta vibración y permite obtener un nuevo ritmo.

La ceremonia de la iniciación señala un punto de realización, pero no la realización que a menudo se cree sino simplemente la que los Instructores que vigilan a la raza, reconocen como una etapa definida en la evolución alcanzada por el discípulo, la cual proporciona dos cosas:

Una expansión de conciencia, que permite a la perso­nalidad penetrar en la sabiduría lograda por el Ego, y en las iniciaciones superiores, en la conciencia de la Mónada.

Un breve período de iluminación, donde el iniciado ve la parte del sendero que debe hollar y también participa conscientemente en el gran plan evolutivo.

Después de la iniciación, el trabajo que se debe realizar con­siste mayormente en convertir esa expansión de conciencia en parte del equipo de la personalidad para ser utilizado en forma práctica, y en dominar esa parte del sendero que aún debe re­correrse.


Lugar y efecto de la Iniciación.

La ceremonia de la iniciación tiene lugar en los tres subpla­nos superiores del plano mental y en los tres planos superiores, de acuerdo a la iniciación. Durante las iniciaciones en el plano mental brilla sobre la cabeza del iniciado la estrella de cinco puntas. Esto corresponde a las primeras iniciaciones que se reciben en el vehículo causal.
Se ha dicho que las dos primeras iniciaciones se efectúan en el plano astral, pero esta afirmación es inexacta y ha dado origen a una mala interpretación. Ambas se hacen sentir profundamente en los cuerpos físico, astral y mental inferior, afectando su control. Debido a que el efecto principal se siente en estos cuerpos, el iniciado puede in­terpretar que han tenido lugar en los planos implicados, pues el vívido efecto y el estímulo de las dos primeras iniciaciones se producen principalmente en el cuerpo astral. Pero debe tenerse en cuenta que las iniciaciones mayores tienen lugar en el cuer­po causal o ‑fuera de éste‑ en el plano búdico o en el átmico.
En las dos iniciaciones finales que liberan al hombre de los tres mundos, se le permite actuar en el cuerpo vital del Logos y ma­nejar esa fuerza, entonces el iniciado se trasforma en la estrella de cinco puntas, la cual desciende sobre él, se fusiona en él y a él se lo ve en el centro mismo de la estrella. El descenso se realiza por acción del Iniciador que empuña el Cetro de Poder y pone al hombre en contacto, en forma consciente, con el cen­tro en el cuerpo del Logos planetario, del cual es parte. Las dos iniciaciones llamadas sexta y séptima, tienen lugar en los planos búdico y átmico. La estrella de cinco puntas "fulgura desde aden­tro de sí misma", según dice una frase esotérica, y se trasforma en "la estrella de siete puntas", descendiendo sobre el hombre, y éste penetra en la llama.

Además, las cuatro iniciaciones anteriores a la de Adepto, señalan, respectivamente, la adquisición de determinadas propor­ciones de materia atómica en los cuerpos, por ejemplo, en la primera iniciación, una cuarta parte de materia atómica; en la segunda, una mitad; en la tercera, tres cuartas partes, y así has­ta completar. Puesto que el principio búdico es el unificador (o el fusionador de todo), en la quinta iniciación el Adepto se des­prende de los vehículos inferiores y se afirma en el búdico, desde donde crea su cuerpo de manifestación.


Cada iniciación otorga mayor control sobre los rayos, si esto puede expresarse así, aunque no da la idea exacta. Las pa­labras a menudo confunden. En la quinta iniciación, cuando el adepto es un Maestro en los tres mundos, controla más o menos (de acuerdo a su línea de desarrollo) los cinco rayos que se ma­nifiestan especialmente en el momento en que recibe la inicia­ción. En la sexta, si pasa al grado superior, adquiere poder en otro rayo y, en la séptima, ejerce poder en todos los rayos. La sexta iniciación señala el punto de realización del Cristo y pone al rayo sintético del sistema bajo Su control. Debemos tener pre­sente que la iniciación da al iniciado poder en los rayos y no po­der sobre los rayos, una diferencia bien marcada. Cada iniciado lógicamente posee uno de los tres rayos mayores como rayo primario o espiritual, y en el rayo de su mónada es donde final­mente adquiere poder. El rayo de amor o rayo sintético del sistema, es el último que se adquiere.

Quienes desencarnan después de la quinta iniciación, o quie­nes no llegan a ser Maestros en encarnación física, reciben sus siguientes iniciaciones en otra parte del sistema. Todos están, en la Conciencia del Logos. Se ha de tener en cuenta una gran reali­dad, que las iniciaciones del planeta o las del sistema solar, sólo son preparatorias para ser admitido en la Gran Logia de Sirio. Este simbolismo ha sido bien conservado en la masonería y com­binando el método masónico con lo dicho respecto a los pasos en el Sendero de Santidad, obtendremos un cuadro aproximado. Am­pliemos su significado:

Las primeras cuatro iniciaciones del sistema solar correspon­den a las cuatro "Iniciaciones en el Umbral", previamente a la primera iniciación cósmica. La quinta iniciación corresponde a la primera iniciación cósmica, la de "aprendiz aceptado" en la masonería, que hace de un Maestro, un "aprendiz aceptado" en la Logia de Sirio. La sexta iniciación es análoga al grado segun­do de la masonería, mientras que la séptima hace del adepto un Maestro Masón de la Hermandad de Sirio.
Maestro, por lo tanto, es quien ha recibido la séptima inicia­ción planetaria, la quinta iniciación solar y la primera iniciación cósmica o de Sirio.


La Unificación, resultado de la Iniciación.

Debe comprenderse que cada iniciación sucesiva produce la unificación más completa de la personalidad con el Ego y, en ni­veles más elevados, con la Mónada. La evolución del espíritu hu­mano es una unificación progresiva. En la unificación del alma con la personalidad yace oculto el misterio de la doctri­na cristiana de la Expiación, unificación que tiene lugar en el momento de la individualización, cuando el hombre se trasforma en una entidad consciente y racional, distinta de la de los ani­males. A medida que prosigue la evolución, ocurren sucesivas unificaciones.

La unificación en todos los niveles ‑ emocional, intuicional, es­piritual y divino ‑ consiste en un continuo y consciente funciona­miento. En todos los casos está precedida por la combustión a tra­vés del fuego‑interno y la destrucción, por medio del sacrificio, de todo aquello que separa. El acercamiento a la unidad se produce mediante la destrucción de lo inferior y de todo lo que obstaculiza. Tomemos, por ejemplo, la trama que separa los cuerpos etérico y emocional. Cuando el fuego interno quema esta trama, se pro­duce una continua comunicación entre los cuerpos de la perso­nalidad, y los tres vehículos actúan como uno. Algo semejante ocurre en los niveles superiores, aunque el paralelismo no puede ser detallado. La intuición corresponde a lo emocional y los cua­tro niveles superiores del plano mental a lo etérico. En la des­trucción del cuerpo causal, al recibir la cuarta iniciación (llama­da, simbólicamente, “la Crucifixión”), tenemos un proceso aná­logo al de la combustión de la trama, que conduce a la unifica­ción de los cuerpos de la personalidad. La desintegración, que es parte de la iniciación del Arhat, conduce a la unidad entre el Ego y la Mónada, expresándose en la Tríada. Ésta es la perfecta unificación.

Por lo tanto, el propósito del proceso consiste en que el hom­bre sea conscientemente uno:

Primero: Consigo mismo y con quienes han encarnado con él.

Segundo: Con su Yo superior y con todos los yoes.

Tercero: Con su Espíritu o "Padre en los Cielos", y así con todas las Mónadas.

Cuarto: Con el Logos, los Tres en Uno y el Uno en Tres.

El hombre se convierte en un ser humano consciente por mediación del perpetuo sacrificio de los Señores de la Llama.

El hombre llega a ser un Ego consciente (Alma autoconsciente), poseyendo la con­ciencia del Yo superior, en la tercera iniciación, por mediación de los Maestros y del Cristo y por Su sacrificio, al encarnar fí­sicamente para ayudar al mundo.

En la quinta iniciación el hombre se une con la mónada por mediación del Señor del Mundo, el Observador Solitario, el Gran Sacrificio.

El hombre se unifica con el Logos, por medio de Aquel de Quien nada puede decirse.




EL SENDERO DE LA INICIACIÓN


Las dos primeras Iniciaciones.

En la primera iniciación, el Ego debe haber controlado en gran medida al cuerpo físico y vencido "los pecados de la carne", según la fraseología cristiana. No deben prevalecer la gula, el alcoholismo, ni el libertinaje, ni satisfacerse las exigencias del ele­mental físico; por lo tanto el control debe ser total y la tentación vencida. Debe mantenerse una actitud general y una fuerte dis­posición de obediencia al ego. Entonces el canal entre lo superior y lo inferior se expande, y la carne obedece prácticamente en for­ma automática.

El hecho de que no todos los iniciados estén sometidos a esta norma, quizás se deba a varias cosas, pero debe emitirse la nota de la rectitud; el reconocimiento de sus debilidades deben hacerlo sincera y públicamente, y conocerán la lucha entablada para adap­tarse a las normas superiores, aunque no logren la perfección. Los iniciados pueden caer, y caen, incurriendo por consiguiente en el castigo de la ley, y también perjudicar, y perjudican, al grupo con su caída; en consecuencia, deben someterse al karma del reajuste, teniendo que expiar el daño mediante un servicio más prolongado, donde los miembros del grupo, aunque inconscientemente, aplican la ley. Su progreso se verá seriamente obstaculizado, y se per­derá mucho tiempo en agotar el karma con las unidades perjudi­cadas. Debido al hecho de que un hombre es un iniciado y, por lo tanto, un medio para una fuerza muy acrecentada, sus desvia­ciones del recto sendero tienen más poderosos efectos que los de un hombre menos avanzado. Su premio y castigo serán igualmente mayores. Debe pagar inevitablemente el precio antes de permi­tírsele proseguir en el camino. Respecto al grupo perjudicado por él, ¿cuál debe ser su actitud? Reconocer la gravedad del error, aceptar inteligentemente los hechos, abstenerse de críticas poco fraternas e irradiar amor sobre el hermano pecador; todo esto, juntamente con cualquier acción, aclarará al público que tales pecados e infracciones a la ley no son perdonados. A esto se debe añadir la actitud mental del grupo implicado, que conducirá (mien­tras actúa con firmeza) al hermano equivocado a ver su error, cumplir su karma retribuidor y luego ser reincorporado a la con­sideración y respeto, después de hacer las debidas enmiendas.

No toda la gente se desarrolla en las mismas o paralelas líneas, por lo tanto, no es posible dictar reglas rígidas invariables, res­pecto al proceso exacto de cada iniciación, determinar qué cen­tros deben ser vivificados o qué visión ser adjudicada. Mucho depende del rayo a que pertenece el discípulo, de su desarrollo en cualquier dirección (pues no todos suelen desarrollarse similar­mente), de su karma individual y también de las exigencias de algún período especial. Sin embargo pueden hacerse muchas su­gerencias: En la primera iniciación, o el nacimiento del Cristo, generalmente se vivifica el centro cardíaco, a fin de obtener un control más eficaz del vehículo astral y prestar un mayor servicio a la humanidad. Después de esta iniciación se enseña princi­palmente al iniciado lo concerniente al plano astral; debe estabi­lizar su vehículo emocional y aprender a actuar en el plano astral con la misma soltura y facilidad con que lo hace en el plano físico; debe entrar en contacto con los devas astrales; aprender a con­trolar a los elementales del astral; actuar con facilidad en los subplanos inferiores, y acrecentar el valor y la calidad de su tra­bajo en el plano físico. En esta iniciación pasa del Aula del Apren­dizaje al Aula de la Sabiduría. Entonces se le da especial impor­tancia al desarrollo astral, aunque su equipo mental se desarrolla constantemente. Muchas vidas transcurren entre la primera y se­gunda iniciaciones. Puede pasar un largo período de encarnacio­nes antes de perfeccionar el control del cuerpo astral y el iniciado estar preparado para el próximo paso. En forma interesante apa­rece en El Nuevo Testamento esta analogía en la vida del iniciado Jesús. Pasaron muchos años entre el Nacimiento y el Bautismo, pero en tres años dio los tres pasos restantes. Una vez pasada la segunda iniciación, el progreso es rápido; la tercera y cuarta ini­ciaciones seguirán probablemente en la misma vida o en la si­guiente.

La segunda iniciación constituye la crisis del control del cuer­po astral. Así como en la primera iniciación se manifiesta el con­trol del cuerpo físico denso, en la segunda se manifiesta análoga­mente el control del astral. El sacrificio y la muerte del deseo ha sido la finalidad del esfuerzo. El ego dominó al deseo, y sólo queda el anhelo de lo que es para beneficio del todo, de acuerdo a la voluntad del ego y del Maestro. El elemental astral es controlado, el cuerpo emocional se torna puro y límpido y va desapareciendo rápidamente la naturaleza inferior. Entonces el ego se aferra nue­vamente a los dos vehículos inferiores y los somete a su voluntad. La aspiración y anhelo de servir, amar y progresar, llegan a ser tan intensos, que por lo general se observa un desarrollo muy rá­pido. Esto explica por qué, esta iniciación y la tercera, se suceden con frecuencia (aunque no invariablemente) en una misma vida. En este período de la historia del mundo se ha dado tal estímulo a la evolución, que las almas aspirantes ‑al sentir la angustiosa y perentoria necesidad de la humanidad‑ sacrifican todo a fin de satisfacer esa necesidad.

Además, no debe incurrirse en el error de creer que todo esto sigue invariable y consecutivamente los mismos pasos y etapas. Mucho se realiza al unísono y simultáneamente, porque el esfuer­zo en ejercer control es lento y penoso, pero en el intervalo entre las tres primeras iniciaciones debe lograrse y mantenerse una eta­pa definida en la evolución de cada uno de los tres vehículos infe­riores, antes de ser posible una mayor expansión, sin peligro, del canal. Muchos actúan en los tres cuerpos, a medida que huellan el sendero de probación.

Si en esta iniciación se sigue el curso común (lo que no es del todo seguro) se vivifica el centro laríngeo. Esto desarrolla la capa­cidad de aprovechar las adquisiciones de la mente inferior en ser­vicio del Maestro y ayuda al hombre; otorga la habilidad de dar y expresar aquello que constituirá una ayuda, posiblemente a través de la palabra hablada, pero indefectiblemente al prestar algún tipo de servicio. Acuerda una visión de las necesidades del mundo, y muestra otra parte del plan. Por lo tanto, el trabajo que se debe realizar antes de recibir la tercera iniciación es su­mergir totalmente el punto de vista personal en las necesidades del todo, lo que implica el total dominio de la mente concreta por el ego.


Las dos Iniciaciones siguientes.

La enseñanza asciende de nivel después de la segunda ini­ciación. El iniciado aprende a controlar su vehículo mental, des­arrolla la capacidad de manejar materia mental y aprende las le­yes para construir pensamientos creadores. Actúa libremente en los cuatro subplanos inferiores del plano mental; antes de la ter­cera iniciación debe, consciente o inconscientemente, dominar to­talmente los cuatro subplanos inferiores, en los tres planos de los tres mundos. Profundiza el conocimiento del microcosmos y en gran medida domina teórica y prácticamente las leyes de su propia naturaleza, de allí su habilidad experimental para ser el amo de los cuatro subplanos inferiores de los planos físico, astral y men­tal. Esto último es sumamente interesante. El control de los tres subplanos superiores todavía no es completo, y constituye una de las razones de los fracasos y errores de los iniciados. Aún no han perfeccionado el dominio de la materia en los tres subplanos supe­riores, porque no han sido dominados.

En la tercera iniciación, denominada a veces la Trasfiguración, la entera personalidad queda anegada por la luz descendente. Des­pués de esta iniciación la mónada guía definitivamente al Ego, derramando acrecentadamente su divina vida en el canal ya pre­parado y purificado. De la misma manera, en la tercera cadena lunar, el Ego individualizó a la personalidad por medio del contacto directo, método diferente del de la individualización, tal como se demuestra en la cuarta cadena actual. Si aplicamos aquí la Ley de Correspondencia podría demostrar ser muy reveladora una in­teresante analogía entre los métodos de la individualización en las diversas cadenas, y las expansiones de conciencia que tienen lugar en las diferentes iniciaciones.

Nuevamente se le otorga al iniciado una visión del porvenir, y está siempre en condición de reconocer a los otros miembros de la Gran Logia Blanca, siendo estimuladas sus facultades síqui­cas mediante la vivificación de los centros de la cabeza. Hasta no haber pasado esta iniciación no es necesario ni aconsejable des­arrollar las facultades sintéticas o la clariaudiencia y clarividen­cia. La finalidad de todo el desarrollo consiste en el despertar de la intuición espiritual; una vez lograda, cuando el cuerpo físico es puro, el cuerpo astral estable y firme y el cuerpo mental controlado, entonces el iniciado podrá manejar sin peligro y uti­lizar inteligentemente las facultades síquicas para ayudar a la raza. No sólo podrá utilizar estas facultades, sino que será capaz de crear y vivificar formas mentales claras y bien definidas, que vibren con espíritu de servicio, sin estar controladas por la mente inferior o el deseo. Estas formas mentales no serán (como las creadas por la mayoría de los hombres) formas sin cohesión, relación ni unión, sino que alcanzarán un alto grado de síntesis. Arduo e incesante será el trabajo, antes de poder realizarse esto, pero una vez estabilizada y purificada la naturaleza de deseos, no re­sultará difícil el control del cuerpo mental. De ahí que el sendero del devoto sea más fácil en ciertos aspectos que el del intelectual, pues ha aprendido a medir el deseo purificado y a progresar me­diante las etapas requeridas.

La personalidad alcanza así una etapa donde sus vibraciones son de un orden muy elevado y la materia de sus tres cuerpos relativamente pura; donde capta el trabajo que debe realizar en el microcosmos y es muy avanzada la parte que debe desempe­ñar en el macrocosmos. Por lo tanto se evidencia por qué el Sumo Hierofante, el Señor del Mundo, es el oficiante sólo a partir de la tercera iniciación. Entra por primera vez en con­tacto con el iniciado. No era posible antes. En las dos primeras iniciaciones el Hierofante es el Cristo, el Instructor del Mundo, el Primogénito entre muchos hermanos, el primero de nuestra humanidad que recibió la iniciación. (…).

Pero cuando el iniciado realiza un mayor progreso y ha pasado dos iniciaciones, se efectúa un cambio. El Señor del Mundo, el Anciano de los Días, el inefable Regente Mismo, confiere la ter­cera iniciación. ¿Por qué? Porque el cuerpo físico plenamente consagrado, puede soportar sin peligro las vibraciones de los otros dos cuerpos cuando vuelven a su refugio, al retornar de la Pre­sencia del REY; porque ahora el cuerpo astral purificado y el men­tal controlado, pueden permanecer sin peligro ante ese REY. Lo­grados tal purificación y control, permanecen allí, y por primera vez vibran conscientemente de acuerdo al rayo de la mónada; entonces, con los cuerpos preparados, puede alcanzarse y confe­rirse la capacidad de ver y oír en todos los planos, y emplearse sin riesgos la facultad de leer y entender los archivos, pues a mayor conocimiento, mayor poder. El corazón es suficientemente puro y amoroso y el intelecto bastante estable para soportar la tensión de conocer.

Antes de recibir la cuarta iniciación se intensifica el trabajo de entrenamiento, y la aceleración y acumulación de conocimien­to debe ser increíblemente rápida. A menudo el iniciado tiene acceso a la biblioteca de libros esotéricos, y después de esta ini­ciación no sólo puede entrar en contacto con el Maestro, al que está vinculado y con el cual ha trabajado conscientemente du­rante largo tiempo, sino también con los Chohanes, el Bodhisattva y el Manu, ayudándolos en cierta medida.

Además, debe captar intelectualmente las leyes de los tres planos inferiores y aplicarlas para ayudar al plan de la evolución; estudiar los planos cósmicos y dominar sus gráficos; llegar a ser un conocedor de las técnicas esotéricas, y desarrollar la visión cuatridimensional, si aún no lo ha hecho. Debe aprender a dirigir las actividades de los devas constructores, y al mismo tiempo tra­bajar continuamente en el desarrollo de su naturaleza espiritual; empezar a coordinar rápidamente el vehículo búdico y, al coor­dinarlo, desarrollar el poder de síntesis, al principio en pequeña medida y gradualmente en forma más detallada.

Al recibir la cuarta iniciación, el iniciado domina perfecta­mente el quinto subplano, por lo tanto, es un adepto (usando el término técnico) en los cinco subplanos inferiores de los planos físico, astral y mental, y está en camino de dominar el sexto. Su vehículo búdico puede actuar en los dos subplanos inferiores de tal plano.

El hombre que recibe la cuarta iniciación, la Crucifixión, sue­le tener una vida de gran sacrificio y sufrimiento. Es la vida del hombre que hace la Gran Renunciación, y que aún exotéricamente es considerada difícil, intensa y penosa. Todo lo abandona, hasta su perfecta personalidad misma, sobre el altar del sacrificio, y queda despojado de todo. Renuncia a amigos, dinero, repu­tación, carácter, posición, familia y hasta a la vida misma.


Las Iniciaciones finales.

Después de la cuarta iniciación, no queda mucho por hacer, El dominio del sexto subplano prosigue rápidamente, y se coor­dina la materia de los subplanos superiores del búdico. Al iniciado se le permite tener una más íntima fraternidad en la Logia, y su contacto con los Devas es más completo. Va agotando rápidamen­te los recursos del Aula de Sabiduría, y dominando los más intrin­cados planes y gráficos. Se hace muy versado en la significación del color y del sonido; puede manejar la ley en los tres mundos y hacer contacto con su mónada, con más libertad que la mayoría de la raza humana con sus Egos. Tiene también a su cargo gran trabajo; enseña a muchos discípulos; ayuda en muchos planes, y reúne bajo su dirección a quienes deben ayudarlo en el futuro. Esto se refiere únicamente a los que se quedan para ayudar a la humanidad en este globo. Más adelante nos ocuparemos de algu­nas líneas de trabajo que se extienden ante el Adepto, si trasciende el servicio en la Tierra.

Después de la quinta iniciación, el hombre se ha perfeccionado en lo que se refiere a este Esquema, aunque si lo desea puede reci­bir otras dos iniciaciones. Para recibir la sexta iniciación, el Adep­to debe hacer un curso muy intenso de ‘ocultismo planetario’. Un Maestro aplica la ley en los tres mundos, mientras que un Chohan de la sexta iniciación, lo hace en la Cadena en todos los niveles. Un Chohan de la séptima iniciación aplica la ley en el sistema solar.

      




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